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Foto: Especial

El día en que el Diablo bailó en Toluca

El siguiente texto forma parte de un relato de Toluca, el cual no tiene ningún fundamento histórico, ni hecho que pueda ser comprobable.

Se trata de un relato bastante conocido del municipio, incluso personas aseguran firmemente, haber estado presentes.

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 “El Día que el Diablo Visitó Toluca”

La mayoría ubica el hecho en la década de los noventas del siglo pasado, cuando la sociedad de Toluca vivía cierto “destape” o “liberación” que se reflejaba en la forma de convivencia de los jóvenes de aquella época.

Los salones de baile se popularizaron en la zona, muchos de ellos tratando de imitar el éxito y hasta el nombre de otros de fama mundial, como la discoteca Estudio 54, así como el Rodeo Santa Fe, que hacía los “honores” a otro centro de espectáculos de la Ciudad de México y que, a su vez, copió el modelo de otros centros nocturnos donde el estilo “vaquero” se destacó.

Este último lugar, El Rodeo Santa Fe, se ubicaba sobre la vialidad Alfredo del Mazo, a la altura de la entrada a San Lorenzo Tepaltitlán, donde los fines de semana se podían observar largas filas de jóvenes en espera de poder ingresar para mostrar sus habilidades dancísticas y dar rienda suelta al consumo de bebidas y a la diversión desenfrenada.

Una noche como cualquier otra de aquel entonces el lugar lucía repleto, las parejas se arremolinaban en la pista de baile y muchos más estaban en las mesas y en la barra riendo, conversando y disfrutando al máximo.

Dicen que entró al lugar un elegante caballero que llamó poderosamente la atención de los presentes, por su estampa, por el tamaño y fortaleza de su cuerpo que con la entallada ropa mostraba.

Unos aseguran que vestía pantalón negro y camisa satinada roja, otros más cuentan que lucía un elegante esmoquin negro y camisa y corbata de un rojo penetrante. El caso es que nadie pudo resistir el voltear a verlo desde la puerta del local hasta la barra, hacia donde se dirigió.

El sujeto, se dirigió a una atractiva mujer que estaba en la barra del bar tomando alguna bebida y la invitó a ir a la pista a bailar, a lo que ella accedió de inmediato, incluso sintiéndose “honrada” por ser la elegida de tan elegante y distinguido personaje.

Nadie recuerda bien a bien el rostro de aquel ser; solamente coinciden en que se trataba de alguien que llamaba poderosamente la atención sin necesidad siquiera de mirarlo a la cara.

La pareja caminó unos pasos hasta la pista de baile, donde comenzaron a danzar los éxitos de aquellos tiempos, cuando las llamadas “quebraditas” en una especie de juego corporal que algunos consideraban incluso “pecaminoso”, pues los participantes se sometían a una auténtica gimnasia de salto y giros en la que las caricias y “toqueteos” se multiplicaban.

 

De repente, cuando la atención estaba centrada en la pareja que realizaba complicadas evoluciones dancísticas, fue que se apagaron las luces del lugar; la música se detuvo, “un fuerte trueno se escuchó en el local y un penetrante aroma a azufre lo inundó todo”.

Las luces se recuperaron y la música también, incluso el sonido se volvió mucho más fuerte, ensordecedor, y todos quedaron pasmados; el llamativo sujeto seguía bailando con la mujer en brazos, pero para entonces él estaba descubierto de la cintura para abajo, y era claro que su cuerpo había mutado a una especie de cabra, con las patas peludas, negras y terminadas en pezuñas.

La mujer con la que danzaba simplemente se dejaba llevar pues realmente estaba desmayada. Su fino y bello cuerpo, desvanecido, era soportado por la evidente musculatura del sujeto.

Fue entonces que comenzaron a gritar espantados muchos de los asistentes, otros simplemente quedaron estupefactos. Algunas mujeres se desmayaron al no poder soportar el impacto visual de lo que ocurría.

Para ese entonces el extraño ser, seguía cargando a su pareja de baile que había perdido totalmente el conocimiento.

Lo que sigue tiene muchas versiones, quizá tantas como los muchos que aseguran haber estado presentes esa noche en El Rodeo.

Algunos aseguran que de repente el sujeto simplemente desapareció tan misteriosamente como había llegado.

Otros cuentan que hubo una gran bola de fuego en la pista, donde el sujeto se desvaneció; mientras que la joven quedó inerte en la pista.

Hay quienes cuentan que el ser, mitad hombre mitad cabra, se la llevó en brazos y desapareció a toda velocidad por las puertas del local.

Información: Heidi García