Calaveras de azúcar y catrinas monumentales toman el Palacio Legislativo
La Plaza de los Constituyentes de 1917, en pleno corazón de San Lázaro, amaneció convertida en un rincón de Toluca. Con catrinas gigantes, flores de cempasúchil y el aroma inconfundible del dulce tradicional, el Alfeñique de Toluca llegó al Congreso de la Unión para recordarle al país que hay tradiciones que se defienden mostrándolas, no solo contándolas.
Detrás de la puesta en escena estuvo Ricardo Moreno Bastida, presidente municipal de Toluca, quien encabezó la presentación ante legisladoras, legisladores y medios de comunicación nacionales. No fue una visita cualquiera: lo acompañaron el vicepresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Sergio Carlos Gutiérrez Luna, junto con 15 legisladores de Morena, PT y el PVEM, todos atentos al trabajo minucioso de las familias alfeñiqueras.
Un anfitrión de peso en San Lázaro
Antes del montaje en la plaza, Moreno Bastida sostuvo un encuentro con Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador del Grupo Parlamentario de Morena, quien fungió como anfitrión durante la visita al Palacio Legislativo. Ahí, el alcalde aprovechó para plantear algo que va más allá del dulce: la relevancia histórica, cultural y económica que el Alfeñique representa para Toluca, y la necesidad de seguir abriendo espacios que proyecten a nivel nacional el oficio de las familias artesanas.
Más que azúcar: memoria y arraigo
Moreno Bastida fue claro en su mensaje: el alfeñique no es solo un dulce, es una forma de honrar a quienes ya no están. Esa mezcla de creatividad e identidad es, según explicó, lo que convierte cada pieza en un testimonio vivo de cómo las familias toluqueñas celebran la vida y recuerdan a sus muertos.
El reconocimiento oficial respalda esa carga simbólica: el Alfeñique de Toluca fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México, un título que no solo distingue, también obliga a preservar técnicas y saberes transmitidos de generación en generación. Ese compromiso es, precisamente, lo que ha colocado a la capital mexiquense como referente nacional en la elaboración de esta tradición azucarada.
Un reconocimiento con nombre propio
La jornada tuvo un momento particularmente emotivo cuando Ricardo Moreno Bastida entregó un reconocimiento al maestro alfeñiquero Marco Antonio Sóstenes Serafín, por toda una trayectoria dedicada a mantener vivo este legado. El artesano no se limitó a recibir el homenaje: compartió con los asistentes los secretos del proceso de elaboración, ese conocimiento heredado que pocas familias en México conservan con tanto detalle.
La visita también tuvo su lado gastronómico. Los huaraches toluqueños se sirvieron entre los pasillos legislativos, llevando a San Lázaro otro sabor característico de la capital mexiquense.
La antesala de un festival que promete grandes nombres
Todo este despliegue en el Congreso no es un hecho aislado: forma parte de la promoción de la Feria y Festival Cultural Alfeñique Toluca 2026, que este año contempla más de mil 200 actividades y la participación de 120 artistas locales y nacionales. Música, teatro, literatura, gastronomía y cultura popular se combinan en una cartelera que busca consolidar a Toluca como destino cultural obligado en la temporada de Día de Muertos.
Entre los planes confirmados destacan los recorridos por el Panteón General de La Soledad, la clásica venta de dulce de alfeñique en los Portales del Centro Histórico y el esperado Desfile de Catrinas. En cuanto a música, la lista de artistas no decepciona: Yuri, Caifanes, 31 Minutos, Los Ángeles Azules, Santa Fe Klan, El Trono de México, Liran’ Roll, El Malilla y La Sonora Santanera se subirán al escenario. El cierre, para nada menor, correrá a cargo de Los Tigres del Norte, el próximo 1 de noviembre.
Toluca, presente en el corazón político del país
Con esta presentación, la capital mexiquense no solo llevó dulces y flores hasta San Lázaro. Llevó también el testimonio de las mujeres y hombres que, con paciencia y azúcar, mantienen viva una tradición que trasciende generaciones. El Alfeñique de Toluca dejó claro que su lugar no es solo en los altares de noviembre, sino también en los espacios donde se construyen las decisiones del país.