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¿La bicicleta es una de las formas de salvar el planeta?

La ciudad de México ha implementado ciclovías emergentes como forma de alentar traslados que permitan guardar la sana distancia y de reducir las aglomeraciones en el transporte público.

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El uso de la bicicleta, no solo se basa en en la voluntad de los ciudadanos, también se requiere de una fuerte determinación para tomar decisiones políticas por parte de personas en la función pública a nivel local y nacional.

El uso de la bicicleta implica recortar el espacio que anteriormente estaba reservado para el automóvil, aún se tienen que redoblar esfuerzos para implementar redes eficientes que conecten mediante rutas directas, seguras y continuas a los centros de las ciudades con las periferias, que lamentablemente en numerosos casos continúan poco a nada atendidas. Esto alentará a las personas que pedalean a recorrer grandes distancias rápidamente, con máxima fluidez y mínimos obstáculos.

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La propuesta de parte de los ciudadanía respecto a este tema no se han hecho esperar. En el estado de México como en la Ciudad de México, organizaciones de la sociedad civil y colectivos que trabajan para mejorar las condiciones de la movilidad, colocando varios planes de implementación de vasta redes de ciclovías emergentes que podrían permitir que las bicicletas se convirtieran en el modo de transporte por excelencia para responder al distanciamiento físico que la crisi sanitaria implica.

El uso de la bicicleta cada vez mayor está definido una nueva visión del transporte. Impulsar esa visión requiere mayores recursos financieros contemplados en una visión a largo plazo que esté orientada a responder a los grandes desafíos que actualmente enfrentamos, como lo son el cambio climático, la pandemia del Covid-19 y una crisis de salud a nivel nacional acentuada por enfermedades respiratorias, diabetes y obesidad.

Con información de “Sin embargo”