Parque Matlazincas

Foro en el Parque Matlazincas

La ciudad de Toluca está rodeada por cerros, pequeños hijos del imponente Xinantécatl. Los estudiantes poblaron el de Coatepec y el gobierno decidió coronarlo con una enorme cabeza de un expresidente. La Teresona deja poco a poco su verdor. El cerro del Toloche, el de Zopilocalco, Apinahuizco, Tlacotepec… todos se han ido olvidando de sus árboles –porque no sólo en Tollocan los derriban– y se han convertido en montañas de cemento. Sin embargo, en pleno centro de la ciudad permanece uno. Uno que resiste. Uno que, pese a los cambios de nombre, es y seguirá siendo: El Calvario.

Afuera, la ciudad con su tránsito interminable de autos rodea el Parque Matlazincas –nombre oficial–, pero apenas al internarse unos metros, el ambiente cambia de forma radical. El ruido se aleja, el aire es distinto, la vista se alegra. En la parte más baja está una pequeña rotonda que durante muchos años estuvo adornada por una “avioneta”. Adelante se encuentra el área de juegos y una horrible construcción en obra negra que alguna mente brillante tuvo a bien autorizar. Esa parte y la iglesia con su hermoso atrio son las más visitadas. Sin embargo, los que conocemos a fondo sus entrañas, sabemos que el recorrido es mucho más rico e, incluso, misterioso. Hay varios caminos y veredas por donde se puede transitar.

Jorge Luis Borges escribió un cuento magistral: El jardín de los senderos que se bifurcan inevitablemente pensé en ese texto al recorrer, después de varios años, los caminos que con demasiada frecuencia visité en mi infancia. En la vida nos topamos siempre con puntos de inflexión. El autobús que no alcanzaste a abordar y una cuadra más adelante fue asaltado. La vez que te distrajiste al ver el semáforo en verde y, por no acelerar, evitaste chocar contra quien se había pasado el alto. El día que no fuiste a comprar el mismo número de la lotería que siempre has comprado y que por fin salió premiado. Todos son ejemplos de las encrucijadas en las que nos topamos en la vida: si hubiera llegado antes, si hubiera acelerado, si hubiera comprado el boleto… Así, la primera decisión al recorrer uno de los lugares más viejos de la ciudad es qué camino se va a tomar. Cada camino tiene sus características y bifurcaciones propias. Hacia el norte, por la parte baja, podemos encontrar un pequeño foro, con una pared alta donde se puede escalar. Arriba encontramos una Bandera Nacional hecha con piedras pintadas con los colores que nos representan. A sus pies un pequeño estanque sin agua.

Escultura de Nezahualcóyotl

Al caminar hacia la cruz –el punto más alto del cerro– nos encontramos con un espacio dedicado al Rey Poeta, Nezahualcóyotl. Éste espacio fue diseñado por un médico amigo del entonces gobernador del Estado de México, el doctor Gustavo Baz Prada quien, se dice, donó su sueldo gubernamental para la adecuación de El Calvario. Una escultura que representa al poeta sentado en la piedra que se convirtió en una especie de trono en la que pasaba horas pensando, corona el lugar, lamentablemente manchado con grafitis y rayones como casi todo el parque. Ahí nos encontramos un texto del propio Nezahualcóyotl que nos recuerda nuestro efímero paso por la vida:

Toda la tierra es una tumba

y nada escapa a ella,

nada es tan perfecto que no caiga

y desaparezca…

lo que fue ayer ya no es hoy.

y lo que vive hoy no puede esperar

ser mañana.

La Cruz es un mirador desde el que se puede observar prácticamente toda la ciudad. Tiene una vista privilegiada. En el parque, además, está el pequeño Museo de Ciencias Naturales, donde podemos encontrar fósiles de varios siglos. En el lado oriente existe una plaza central “La estancia del tiempo” Donde hay un reloj solar y una representación del calendario Mexica con los glifos representativos de cada mes.

La iglesia data del siglo XIX y es de estilo neoclásico. El templo es demasiado pequeño, incluso austero, pero está envuelto, como todo El Calvario, de una energía particular.

Reloj de sol

El parque ha visto a los habitantes de todas las épocas como un testigo mudo. Presenció la llegada de los españoles, albergó batallas en la independencia, refugió a revolucionarios, en sus kioscos ha visto familias convivir, parejas furtivas, grupos de deportistas y scouts. En algún tiempo, incluso se convirtió en un pequeño zoológico. Ha tenido también pasajes violentos y lamentables. Con toda seguridad ha visto a mucha gente dudando de qué camino seguir, pues ahí, frente a una bifurcación, se piensa con mayor claridad.

El parque se encuentra abierto al público todos los días de 6:15 a 19:00 hrs.

Vista desde la Cruz

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